miespaciopilar

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La llegada de un bebé representa una bendición en los hogares y en la vida de quien lo espera. Las felicitaciones, los consejos y los buenos deseos por todos lados llegan. Los únicos inconvenientes que escuché: “de aquí en adelante no dormirás igual, aprovecha y duerme cuando el bebé lo haga, desfrútalo porque crecen muy rápido”. Sí, todos y cada uno de ellos fueron escuchados, pero que difícil llevarlos a la práctica.

En el embarazo, en el baby shower, en el día a día nadie comentó sobre los días de llanto, soledad y angustia que también podían nacer con el bebé.

Un día de tantos y con pocos días de nacida mi niña tuve que escribir porque regresar el tiempo no podía, y platicarlo a los pares era ponerme en evidencia, ser juzgada:

“Han cambiado tantas cosas, la vida de antes se fue de un día para otro y ni siquiera pude despedirla. Duele ver cómo todo cambia, el cuerpo, el alma, los gustos, las responsabilidades, pero duele más cuando el único consuelo es el llanto,  tan dolido pero desahogante en ese momento. Y claro un llanto oculto, silencioso, interno que retumba el alma.

¿Cuándo termina? ¿Cuándo inicia? nada como antes, eso lo tengo claro; sólo espero recuperar pedazos de mi, a eso me aferro… sólo a recuperar. Hay un nuevo camino, por ahora muy difícil pero sé que al andar empezarán a salir las flores y a reducir las espinas.”

Ese día que terminé de escribirlo, me imaginé este momento… yo leyéndome y recordando los momentos difíciles que parecían interminables. Sigo creyendo que es difícil la tarea pero cómo he aprendido de ella, no tengo la vida de antes pero ya no la anhelo con tristeza, el llanto ya no es silencios, ahora es compartido; todo inicia y acaba cuando es su debido tiempo, los pedazos ya no están sueltos, se han ido construyendo.

Y no, no fue una historia tierna y dulce sobre la llegada de un bebé a casa. Como mujeres hay momentos muy difíciles que aprendimos a ocultar (para que no piensen que soy una mala madre, que soy débil, que soy rara, que no quiero al bebé), culturalmente no es posible que una madre no tenga el instinto de amor que lo puede todo, y eso pesa mucho cuando el amor está pero no lo puede todo.

Escribir fue la alternativa ya que el cuaderno no podía enjuiciarme, porque hasta ahora entiendo que hay otras madres que han vivido una experiencia similar y narrarlo, decirlo a los otros nos hacen romper con estereotipos de “super mamás” que disfrutan plenamente cada llanto del bebé.

Me sigo preguntando cuántas madres han  pasado por experiencias similares  y ni siquiera han tenido la oportunidad de escribirlo en un papel. Cuántas pudimos identificar que la maternidad no inició con la felicidad prometida, con el sentimiento de realización, con la ternura y bendición en cada llanto.

El secreto para contar y desahogar lo que la maternidad implica es empezar a liberarnos de los estereotipos culturales sobre la maternidad ideal.

Gracias por leerme,  por permitirme expresar una de tantas vivencia sobre el ser madre. Sin duda, mi Sophia es una motor, otra forma de amar, es eso que me hace preguntarme sobre cómo ser una madre feliz y cómo influir para que sea ella una mujer feliz con sus propias decisiones.

Sophia